lunes, 4 de agosto de 2014

Diamond life












Las oficinas se encontraban en la primera planta de un edificio de la calle Serrano, contaba con unos pocos despachos, una sala de reuniones y una gran sala común donde trabajábamos la mayor parte de los empleados: redactores, correctores, fotógrafos, maquetadores… Mi trabajo consistía en hacer reportajes sobre hoteles de lujo, coches de lujo, restaurantes de lujo, entrevistas a gente poderosa, y aquello me encantaba. Tanto entrevistaba a un conocido empresario como escribía sobre la última exposición de alguna galería de arte. Visitaba hoteles de cinco estrellas por Madrid, los viajes a hoteles más lejanos estaban reservados a personas más veteranas en la revista o se preparaban los reportajes por correo electrónico, con intercambios de información y fotos. Empecé a conocer productos delicatessen de los que jamás había oído hablar, y a recibir muestras de cosméticos de las firmas más importantes. Todos querían aparecer en nuestra revista, porque sus lectores podían pagarse cualquier capricho.


Andrajos